
En esta última semana me han pasado un par de situaciones que me han hecho reflexionar sobre un asunto en concreto, ¿hasta qué punto somos justos prejuzgando a la gente?
El Viernes Santo escuché una entrevista en la radio al hijo de una famosa de la prensa del corazón. No sé por qué, pero siempre he tenido manía a ese chaval, quizá porque su madre no me caía muy allá.
Creo que esa manía era compartida por la presentadora del programa de radio y alguno de los colaboradores, ya que al acabar la entrevista reconocieron los sorprendidos que estaban al haber conocido al “otro” José (vamos a llamarle José al chico).
Yo también creía haber descubierto otro “José”, pero eso me ha dejado con la duda de si el José que yo descubrí hace una semana es el verdadero o no, puesto que la imagen que tenía de él era de lo más negativa.
La otra situación me ocurrió paseando por Madrid. En una zona céntrica, a las 11 de la noche, se me acercó un hombre bien vestido, bien peinado, extranjero europeo, de edad media y con un maletín en la mano (llamémosle "Smith). Tras contarme una historia un tanto rocambolesca explicándome que había perdido la cartera, me pidió 5€. Estuve pensando 5 segundos y, a punto de sacar la cartera, decidí decirle que no tenía dinero por miedo a que ocurriera algo peor. No pude evitar irme pensando, ¿y si en realidad el hombre tenía razón? ¿y si era verdad la historia? ¿y si me ocurre a mí algún día?
Difícil situación, ¿verdad?
En un mundo donde lo más importante es aparentar, ¿debemos esforzarnos por intentar dar una buena impresión desde el primer momento para ganarnos el favor de la gente o debemos esforzarnos por ver más allá de la primera impresión que nos dé una persona?
Quizá José siempre ha sido el mismo y ha tenido que hacer un esfuerzo titánico para que gente como yo, o la presentadora, rectificaran su mala impresión sobre él.
Quizá Smith era un hombre en apuros que únicamente necesitaba 5€ para volver a casa.
Deberíamos ver más allá y pensar si merece la pena hacer un esfuerzo en romper prejuicios de vez en cuando y descubrir algunos Josés o Smiths que nos rodean. Quedaríamos más que sorprendidos.
Orgullo y Prejuicio
Publicado por ACD a las 15:21
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