
Algunos de los que leéis este blog no sois de Madrid, no soléis ir en Metro, o incluso no habéis viajado nunca en él. Desde hace una semana, tengo a suerte de poder ir al trabajo en este medio de transporte. Y digo "suerte", porque después de pasarme 2 horas diarias en la carretera para ir trabajar... los 45 minutos de Metro me saben a gloria.
Cuando llegas por primera vez a Madrid y montas en el Metro, te llevas una imagen auténtica de cómo es la ciudad (Muy cosmopolita y, sobre todo... muy estresante). Una norma no escrita en Madrid, y en particular en el Metro es que "si quieres llegar a algún lado, tienes que correr". De eso no te das cuenta hasta que te subes en tu primera escalera mecánica. Sospechosamente allí, todo el mundo se coloca a la derecha. Evidentemente, tú, "incurto de la vida", te colocas a la izquierda porque, ¿qué desperdicio de escalera es ese? Eso es lo que piensas hasta que un honorable ancianito de 85 años te toca la espalda para pedirte que te apartes para que él (madrileño de Lavapies [uno de los barrios más castizos de Madrid]) pueda subir la escalera andando y no esperar a que la escalera (recuerdo que es automática) le ayude a subir (¡pa' qué esperar, pa' qué!)
Eso es solo una de las cosas curiosas del Metro. Pero hay otra aún mejo, y es la misteriosa obsesión que le entra a todo el mundo por leer allí (desde periódicos gratuitos a toda clase de libros).
Pensaréis que eso es algo positivo, y así sería si, en verdad fuese posible leer. En hora punta, un alfiler lo pasaría mal para montar en cualquiera de los vagones. Aún así, las 13249345 personas que hay dentro llevan algo con lo que "culturizarse". Por eso, las escenas que se producen son curiosísimas. Sin ir más lejos, esta mañana, una de las "lectoras habituales" ha rozado el esperpento al intentar continuar con su lectura mientras era empujada una y otra vez por la gente que llenaba todo el espacio disponible. Aún así, ella no cesaba en su intento de pasar la página con una mano para poder leer una línea más de esa interesantísima novela de la que, después de 9 estaciones, ha leído 2 líneas y media. Admirable mujer, ¡BRAVO!
Yo hoy quise experimentar esa sensación y me llevé mi propio librito. Después de leer media página (y fue durante un trasbordo) en todo el trayecto... he decidido dejar el librito en casa. Madrid... es mucho Madrid.
La vida por una página
Publicado por ACD a las 23:25
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