Mi amigo, mi hermano... mi rival


Ayer era uno de esos días en los que, lo que más te apetece es pasarte la tarde tirado en el sofá viendo cómo Paquirrín se morrea con su última "churri" o si Andreíta se ha comido por fin el pollo. Finalmente descarté la idea, no porque no me interesase la vida de Paquirrín, sino porque aún no tengo sofá...grrrr.
Así que decidí pasar la tarde con un amigo, intentando solucionar el mundo en 3 horas (en 2 tardes más...acabamos con la crisis, prometido).
Volví a casa con más de una pregunta rondando por mi cabeza, y que intentaré contestarme en cuanto pueda. Y si no lo consigo...al menos la compartiré, por si alguien me da respuesta. --> ¿Quién puede decir con sinceridad: "Me alegro por ti"?
Desde niños, hemos sido educados en una sociedad que prima la competitividad por encima de todo. Ya cuando jugábamos el mítico "partidillo de los viernes" en clase de gimnasia, con 10 años, queríamos jugar a toda costa y meter todos los goles del equipo. En teoría, tus compañeros de equipo eran tus amigos. Esos a los que invitabas a los cumpleaños multitudinarios en casa (donde, el que se despistaba, se quedaba sin sandwich de Nocilla, y tenía que comer el odiado SANDWICH DE PATÉ). Pues bien, toda amistad se acababa cuando la pelota echaba a rodar y, aquel chaval que te felicitó ayer y te regaló el Power Ranger rojo, quería jugar un poco al futbol, pero tú, competitivo y orgulloso como el que más decías: "¡que se cambie otro, que yo llevo poco!".
Al pasar al instituto, esto evolucionó y se acabaron los partidillos, pero llegaron los exámenes. Llegaron los lamentos cuando las notas no eran buenas. Pero, sorprendentemente, el disgusto era menor cuando, tu amigo, ese con el que habías estado de juerga hasta las 12 (fue mi hora límite durante muchos años :P), sacaba la misma o peor nota que tú. Esa era tu excusa perfecta, tu forma de sobrellevar el fracaso: "¡Sí mamá, pero Carlos tiene un 3! En verdad, si uno fuese tan AMIGO, ¿no debería alegrarse de que el compañero apruebe, que marque más goles que tú, que le haya tocado a Urrutia (jugador del Athletic de Bilbao que nunca entraba en los cromos)...?
Recientemente, al acabar la universidad, estamos viviendo situaciones parecidas. Una vez acabada la carrera, cada uno intenta buscarse las castañas como buenamente puede. Aparentemente, las cosas nos van bastante bien en esta "búsqueda de castañas". Pero, en lugar de recibir felicitaciones o un "¡Hay que celebrarlo!"... uno nota actitudes que nunca esperó. Nadie va a decirte que no se alegra por ti (a la cara al menos), pero algunos silencios... dicen muchas más cosas que eso.


Por eso... ¡Felicidades, AMIGO!

P.D.: Yo te cambiaré a Urrutia por Ronaldo ;)

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