¡Un aplauso!

A la mayor parte de la gente le cuesta aceptar planes o propuestas a la primera. Cualquier momento es malo para decidir si les apetece hacer tal o cual cosa, para saber si ese día lo tienen libre, o simplemente para comprometerse a hacer algo.
Yo no soy de esos. No soy de ese tipo de gente, ya que parece que la palabra NO no está en mi diccionario particular.
¿Cuántas veces os habéis visto en un compromiso por no saber decir que NO? Yo...bastantes, la verdad. Se ha convertido en un pequeño "vicio" comprometerme a hacer cosas que me cuesta cumplir y que, muchas veces ni me apetecen.
Pero, ¿qué necesidad hay de meterse en compromisos una y otra vez?
Pues...la respuesta no la tengo muy clara. Lógicamente, si lo supiera, intentaría que no volviese a pasarme. Quizá, es porque a uno no le gusta que se rechacen los planes que propone, y por eso no quiere rechazar los planes que le proponen. Quizá es por falta de carácter. Quizá es por un simple miedo al rechazo, a no quedar mal con la persona que lo propone. Puede que sea una mezcla de todas. Pero, sea por lo que sea, no he aprendido aún y en estos días ya me he metido en alguna que otra situación comprometida que no he sabido rechazar y que, visto lo visto, no hubiera pasado nada por haber dicho una palabra de 2 letras (NO) en lugar de la otra (SI).
Uno no se da cuenta de que, no comprometerse a algo de vez en cuando, no significa quedar mal o que no vayan a contar contigo en otra ocasión. Yo, al menos, no actúo así cuando recibo un NO, o lo que es peor, un NO SÉ, por respuesta.
Eso sí, a pesar de que soy crítico con la gente que acepta siempre, también lo soy (incluso más), con la gente que nunca se decide. Esos que siempre esperan a que alguien les empuje para dar cualquier paso, que de un grupo de 20 personas son la persona número 20 en levantar la mano, esos de los que nadie se acuerda en la clase por no haber hablado jamás, por no haber participado en nada ni tener iniciativa alguna.

Conociéndome...dudo que aprenda la lección, por lo menos a corto plazo, así que, como un niño pequeño al que se le enseña a rechazar caramelos ofrecidos por extraños, yo tendré que aprender a rechazar algún que otro "plan", o al menos pedir unos días de reflexión antes de aceptarlo.

No sé cómo habrá quedado esta entrada, ya que las horas que son no me permiten redactar con demasiada coherencia. Pero pretendía ser un homenaje a aquellos que "se atreven en la vida" (esos que se comprometen a hacer algo aunque luego les cueste cumplirlo).
¡Un aplauso para ellos!

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